jueves, 9 de julio de 2015

5 señales de los tiempos finales

“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.”Mateo 24: 3-4

       La biblia habla claramente sobre el fin de los tiempos y el regreso de Jesucristo. No conforme con avisarnos, también nos advierte señales que podemos notar y con ello “anticipar” (hasta cierto punto) que ya viene Cristo por su iglesia.

       A continuación analizaremos cinco de estas señales que Jesús mismo nos mencionó:

Guerra y rumores de guerra (Mateo 24: 6)

       En el comienzo de su explicación, Jesús menciona que escucharemos de guerras y rumores de guerras. Está bien, admitámoslo, las guerras no son nada nuevas. Desde los años antes de Cristo, los pueblos ya se partían la cabeza entre ellos constantemente. Sin embargo Cristo no sólo menciona “guerras” a secas, menciona que de forma masiva las naciones se levantarán entre ellas.
       Aunque desde años anteriores a Cristo ya había guerras, jamás una tan grande como las que hoy en día conocemos como 1ra y 2da guerra mundial; en donde llegaron a participar hasta dos terceras partes de los países del mundo.
       ¿Y entonces porque seguimos aquí? ¡Ah! Dijo Cristo que no acabaría todo aquí, además vienen otras cosas.

Pestes, hambres y terremotos (Mateo 24: 7)

       No vamos a dar por sentado que todo es horrible ahora. Analicemos la situación, entre las epidemias y pestes más importantes de la historia tenemos algunas como la peste española (1918), la peste negra (siglo XIV), e incluso la peste de Atenas (430 a.C.). La realidad es que enfermedades y pestes ha habido siempre. No obstante las palabras de Cristo retumban hoy al darnos cuenta que aún con los avances tecnológicos y los avances en medicina, los virus siguen mutando, adaptándose y matando personas. No sólo eso, sino que cada peste nueva trae mayor número de muertos que la anterior (incluso en porcentajes).

       Además de eso, los terremotos se han incrementado de forma exponencial a lo largo de la historia. Hasta el año 1000 (mil), los terremotos más fuertes que se registraban, difícilmente pasaban 7.5 grados (en escala de Richter). No se registran más de 5 terremotos mayores a 8 grados, antes de dicha fecha. Mientras que 14 de los 20 terremotos más fuertes de la historia (todos mayores a 8 grados) son del año 1900 a la actualidad. Hoy día vivimos con muchos más terremotos y mucho más fuertes; así como muchas más enfermedades nos atacan, y mucho más mortales.

Ser aborrecidos por su nombre (Mateo 24: 9)

      Actualmente la homosexualidad, el transexualismo y hasta el transgénero son apoyados por las masas; entre más cosas aceptan las personas como “buenas” o “correctas”, peor se le ve a los cristianos. Hoy día miles de hijos de Dios son atacados por sus creencias y por defender a Dios en un mundo modernizado.  Lo peor es que está escrito, sabemos que las cosas empeorarán.

       Y todo esto, sin mencionar todas las regiones y hasta países enteros donde el cristianismo es prohibido y/o perseguido al grado de matar cristianos.

Falsos profetas (Mateo 24: 11)

Foto: David Koresh
       Todos los días andan por allí falsos profetas que engañan a miles. Sólo por mencionar uno de los casos más famosos, está el de David Koresh, quien decía ser la reencarnación de Cristo y tenía beneficios únicos, como acostarse con todas las mujeres de la secta (incluyendo jovencitas). Al final, Koresh terminó muerto junto con más de 70 hombres, mujeres y niños de la secta en una violenta masacre entre la secta y el gobierno de Estados Unidos.

       Así como Koresh, en los últimos años han surgido varios falsos profetas resaltantes como L. Ron Hubbard (fundador de la cienciología), o Stewart Traill,  fundador de la “Iglesia del entendimiento bíblico”; Traill dice ser la reencarnación de Elías y hace que los miembros de la secta le donen el 90% de sus ingresos. Actualmente Traill vive, sigue siendo el líder de dicha secta y tiene cuatro aviones personales así como una casa de medio millón de dólares.

El amor se enfriará (Mateo 24: 12)

       Este versículo dice que “por haberse multiplicado la maldad” se enfriarán los corazones. Y hoy día vemos tanta violencia y maldad en programas, películas, videojuegos, caricaturas, periódicos y hasta en la calle, que incluso los niños han perdido la sensibilidad ante el necesitado. Podemos pasar frente al huérfano, el pobre, el enfermo o la viuda y no sentir lástima en lo más mínimo; mucho menos, la necesidad de ayudar.



       Todo esto que sucede actualmente, puede que ya sucediera desde antes, pero cada día sucede más y con mayor intensidad, mayores consecuencias y mayores alcances. Es necesario tener cuidado con todas estas señales porque “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24: 13).


Por Fernando Castro

Aprendiendo de Jesús

La Iglesia es la única agencia cuya preocupación más grande está en la gente que no es parte de ella.

       Una iglesia no se preocupa por mantenerse cómoda a sí misma (sus miembros) sino por alcanzar a aquellos que están afuera de ella. En el milagro o señal que leemos en el texto de hoy, nuestro Señor Jesucristo desafía a sus discípulos a saciar las necesidades de la gente que les rodeaba. La Iglesia de Cristo tiene una misión, a la que tiene que habituarse, y que debe cumplir con respecto a todos los seres humanos.

“Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” Juan 6:5. 

       La necesidad era física, sin embargo representaba una necesidad espiritual también. El Señor permite que sus discípulos se den cuenta de esta necesidad y puedan experimentar la urgencia de saciarla. Una iglesia, un creyente que se precia de ser pueblo de Jesucristo que no percibe la necesidad del mundo, debe reflexionar seriamente respecto a su identidad y a sus hábitos de piedad.

       La Iglesia existe por causa de las necesidades de la humanidad. Todo ser humano tiene necesidades, pero la necesidad más grande que tenemos todos, es la necesidad espiritual. Esta necesidad se expresa de muy diversas formas: necesidad de conocer a Dios, necesidad de tener una razón para vivir, necesidad de perdón, necesidad de esperanza, necesidad de amor, necesidad de saber a dónde vamos al morir.

       Sólo Cristo puede saciar estas necesidades básicas. Pero ahora miremos lo que nos corresponde a todo redimido experimentar.

“Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” Juan 6:8-9.

       No sabemos quién era este muchacho, pero una cosa sí sabemos: Tenía el buen hábito de portar una pequeña cantidad de alimento, y eso sirvió para alimentar a una gran multitud. Si hacemos cuentas, su “lonche” se multiplicó miles de veces.

       Tal vez se trataba del alimento que tradicionalmente todo mundo traía  consigo en una canasta personal durante sus viajes, tal vez era su manera de ganarse la vida, tal vez llevaba esa comida a otras todos. Los discípulos del Señor son en este momento la Iglesia que es usada para distribuir la bendición.

       Las doce cestas que se mencionan son, posiblemente, las tradicionales “mochilas” que todo viajero cargaba con el alimento pertinente. Pero, el número doce representa, en la simbología judía, “el pueblo de Dios”. Por eso se habla de 12 tribus, doce apóstoles, etc.; de cualquier modo, es la Iglesia del Señor la comisionada a tener el buen hábito para percibir la necesidad, encontrar el potencial y distribuir la bendición.

“Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.” “Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.” “Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.” Juan 6:11-13. 

       La situación original era de hambre y cansancio, después de la intervención del Señor por medio de su Iglesia sólo se notaba bendición física y espiritual. El pueblo de Dios ha recibido bendición de gracia, y de gracia debe compartirla.

       Dios no está obligado a responder positivamente todas nuestras oraciones; sin embargo, muchas veces nos sana, nos transforma, cambia circunstancias en forma milagrosa y nos bendice más allá de lo que solicitamos. Podemos decir que Él no siempre nos da lo que pedimos, pero siempre nos da lo que necesitamos.

       Por esta razón, su Iglesia es un pueblo en donde los testimonios de ricas bendiciones son cotidianos. Él sigue haciendo milagros entre nosotros como los hacía en la época bíblica.

       Reflexiona un poco ¿Te ha bendecido Dios con algo que puedes compartir y hacerlo como un buen hábito? ¿Ha realizado Dios algún milagro en tu vida? ¿Estás dispuesto a poner tu vida en las manos de Dios para que Él bendiga a muchas otras personas?

Atrévete a ser usado por Dios

       Jesús quiere que vayamos por todo el mundo re


conociendo las necesidades de la gente y haciendo algo al respecto.  Una persona que se une a la Iglesia de Cristo se une a una comunidad que se preocupa por las personas, especialmente por las menos afortunadas.

       Que todos los hombres y mujeres del mundo tengan la oportunidad de saciar sus necesidades básicas espirituales y físicas. Y si para ellos hay que poner la vida, que así sea.

       Por eso, desarrollemos programas de acción social que provean a la sociedad de mejores posibilidades para elevar su nivel de vida. Soñemos y oremos con tener centros de rehabilitación diversos. Soñemos y oremos con establecer casas hogar para niños, centros de apoyo a víctimas de violencia familiar y muchas cosas más.

Por Pastor Víctor Zárate

¿Por qué leer la biblia?

Es una realidad que la Biblia tiene una posición importante en el ámbito literario, siendo el libro más popular e importante de los últimos tiempos. De todos es sabida su existencia, pero conocer la biblia y usarla, son aspectos totalmente diferentes.

       ¿Qué tanto conocemos la biblia? ¿Hacemos un uso apropiado de su contenido? ¿Reflexionamos y seguimos sus enseñanzas? O ¿solo está decorando bellamente nuestro librero?

       En 2 Timoteo 3:16-17 se menciona lo siguiente: “Toda escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

        La biblia ha sido creada por Dios para edificación de su pueblo. En ella, viene contenida la verdad de la historia, las respuestas a las preguntas existenciales, la solución a diversas problemáticas, la sabiduría para una vida en plenitud, entre muchas otras cosas; en pocas palabras, la biblia es nuestro instructivo de vida, pues responde a cada faceta y ciclo vital del ser humano.

      No se trata de un libro más, es realmente la Palabra de Dios. Los libros pueden contener ideas
sumamente interesantes e impactantes para los lectores, basadas en experiencias humanas, sin embargo, la gran diferencia del contenido de la biblia es que, es Dios quien habla, revelando misterios, mostrando su grandeza y buena voluntad.

       Para toda persona resulta necesario leer constantemente la biblia y pedir a Dios por su sabiduría para interpretarla como es debido. No tratemos de leer como si supiéramos todas las cosas, puesto que la palabra de Dios empieza a tener un verdadero significado personal cuando permitimos que sea Él quien nos dirija y hable a nosotros. El momento de la oración es importante para establecer una relación personal con Jesucristo, pero igualmente importante es la lectura diaria, ya que, al ser la palabra de Dios, es a través de ese medio que recibimos una respuesta de su parte.

       Leer su palabra: nos fortalece y hace madurar espiritualmente; permite estar en sintonía con Dios, tener su bendición, poder y autoridad; seguir sus mandamientos, conocer la verdad, ser libres, tener vida eterna, apropiarnos de sus promesas, vivir conforme a su voluntad, ser sensibles a su voz y ser instrumentos de bendición; permite nutrirnos de santidad y pureza para impactar el mundo que nos rodea, llevando su palabra a todo lugar y poder evangelizar.

       Sabemos que es palabra de Dios, porque tiene el poder de transformar vidas “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, y las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” Hebreos 4:12.

        Estamos en un mundo lleno de situaciones peligrosas: drogas, alcoholismo, tendencias suicidas, violencia, sexo irresponsable, rebeldía, egoísmo, pornografía, carencia de valores y moral, entre muchos otros. Si no estamos cimentados de manera firme en la palabra de Dios, nuestra vida estaría
inestable y podríamos caer fácilmente en tentaciones y pecado. Dios conoce nuestra situación de vulnerabilidad, por eso no nos deja solos, y nos ha enseñado que meditando en su palabra y apropiándonos de ella, podemos enfrentar cualquier situación con gran autoridad. Proclamemos sus promesas, obedezcamos sus mandamientos, sigamos su ejemplo. “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” Josué 1:8.

       Así que, te invito no sólo a que conozcas la biblia, no sólo que la leas, sino que reflexiones en ella, que analices tu propio estado a la luz de su verdad y evalúes tu relación con Dios, a fin de poder crecer cada día más en Él, conocerlo y apropiarte de su perfecta voluntad a tu vida. Ve más allá que solo conocer la palabra, aplícala, vívela a plenitud, cumpliendo el propósito de Dios para tu vida.

       “Señor, enséñame el camino de tus mandamientos, y yo los seguiré hasta el fin. Dame entendimiento para obedecer tus enseñanzas, y de todo corazón yo la cumpliré. Guíame por el camino de tus mandamientos, porque en él me encuentro a gusto. Pon en mí el deseo de cumplir con tus requisitos y no el de satisfacer mis deseos egoístas. Aleja de mi mente los pensamientos inútiles, dame vida para vivir en tus caminos”. Salmo 119:33-37 (PDT)

Por Maribel Sánchez

martes, 1 de octubre de 2013

Relojes y calendarios

La biblia tiene muchas referencias a días, meses y años, y muchos de nosotros los visualizamos con nuestra forma de medir el tiempo, pero en los tiempos bíblicos no se medía el tiempo exactamente de la misma forma.

El año
       La primera vez que se menciona una medición como “meses” o “años” en la biblia, es en Génesis 7: 11 con Noé, pero desde él hasta los 12 apóstoles, hubo muchos cambios. En realidad no había un calendario estipulado para el pueblo hebreo.

      En los tiempos antiguos ya se podía calcular un año en base a la de 365 días, pero, fuera del calendario romano (que comienza el 1 de enero) la mayoría de los pueblos comenzaban el año el día del equinoccio de primavera; probablemente por el florecer y la prosperidad que ésta trae. Sin embargo los hebreos, junto con otras culturas fuertemente agrícolas, comenzaban el año en el equinoccio de otoño; probablemente porque allí llegaba la cosecha, la que designaba el fin de un ciclo y la preparación del siguiente. A pesar de todo esto, a partir del exilio a Babilonia, el pueblo hebreo adoptó el año nuevo primaveral, que se usaba en Babilonia.

       El llamado “Calendario Gezer” descubierto por R. Macalister, demuestra una forma básica de medir el año en base a la agricultura, donde el año se divide en grupos de 1 o 2 meses, donde cada grupo representa una actividad (cosecha, festividad, azada, plantado, etc.).

      También fue grandemente aceptado en Israel, el calendario llamado “lunar-solar”. Éste se basaba en la órbita solar, pero dividía los meses en base a las lunas nuevas. Esto tenía el problema de que cada mes duraba 29 o 30 días, lo que daba un año de 354 días, y para cubrir los días faltantes, se agregaba un mes extra cada 2 o 3 años.

       Muy independientemente de todo esto, los años no solían ser numerados de forma general (como nosotros que vamos comenzando el año 2013 d.C.), sino que los numeraban en base a reinados contiguos. Esto se observa claramente en Reyes y Crónicas, donde los reinados de los Reyes de Judá, comienzan en el año X del Rey X de Israel, y viceversa.

El mes
       En el AT se suele mencionar a los meses por su orden (ej. “A los diez días de este mes séptimo”; levítico 23: 24a), pero en dos ocasiones, los hebreos adoptaron nombres para los meses. La primera vez, de los cananeos, de cuyos meses sólo se mencionan cuatro: Abib (marzo-abri), Zif (abril-mayo), Etanim (sep-oct.) y Bul (oct-nov) (Ex. 13: 4; 23: 15; 34: 18; 1 Rey. 6: 1, 37, 38; 8: 2).

       La segunda vez, adoptaron los nombres babilónicos, los que, comenzando a partir de Marzo-
Abril, son los siguientes: Nisán, Iyyan, Silván, Tammuz, Ab, Elul, Tisrí, Maresván, Quisleu, Tébet, Sebat y Adar; cuando se agregaba el mes extra, éste era WeAdar.

El día
      En la mayor parte de los tiempos bíblicos (basados en Génesis 1: 5), se consideraba que el día comenzaba en la tarde y después iba la mañana y nuestro medio día. Sin embargo, para los tiempos del NT, ya era considerado por casi todos, de la forma en que nosotros lo usamos hoy. Incluso Cristo comenzaba sus días “muy de mañana” (Marcos 1: 35).

       El día se dividía en 12 horas (Juan 11: 9), por lo que el medio día era la hora sexta. Además, también se dividían en cuatro vigilias, que eran relacionadas con el turno de la guardia militar (Lucas 12: 38). Aunque aún se desconoce con exactitud cómo se medían las horas durante el día. Todo parece indicar que los relojes de la región eran de sol, aunque en su mayoría eran como los de la tradición común (el círculo donde la sombra indica la hora), la raíz de la palabra hebrea para “reloj”, es “ascender”, que tenía una connotación directa con las escaleras. Por esto, el reloj del Rey Acaz1 se cree que eran unas escaleras donde la sombra subía conforme avanzaba el día. 

       Espero no haberte hecho bolas con toda esta información bíblica sobre el tiempo. Espero también, que la próxima vez que leas un pasaje relacionado con estos temas, lo entiendas mejor y te ubiques más en el verdadero contexto; pero también, espero que des gracias a Dios por el avance de la tecnología que nos permite tener un reloj de pulsera o uno digital en cualquier celular. 

Dios te bendiga grandemente. 

Por Fernando Castro

1v. Fortaleza 2, septiembre-octubre 2012, CURIOSEANDO EN LA BIBLIA: “¿A poco sí?”; P. 21.


jueves, 26 de septiembre de 2013

La belleza de los proverbios

Hay dos libros en la biblia que me cautivan y me obligan a leernos una y otra vez. Uno de ellos es el de Proverbios, el cual he vuelto a leer recientemente y, sin lugar a dudas, me he convencido que amerita ser leído por todos.

¿Y ahora por qué?
     Primeramente me gusta la idea de comenzar explicando la gran utilidad que tienen los Proverbios.

       Bien es cierto que sirven para toda ocasión: para el matrimonio (11: 22), la paternidad (22: 6), el trato con los animales (12: 10), los modales a la mesa (23: 1-3) y la administración del dinero (23: 4-8), entre otras cosas1. Pero el mismísimo autor nos lo expone básicos beneficios en los primeros 7 versículos, y aquí trataremos de explicarlos un poco (sólo algunos, no todos):

    1) Para entender sabiduría y doctrina… (1: 2). Antes que nada, los proverbios no nos regalan la sabiduría, en realidad nos ayudan a entenderla. No es lo mismo, pues como más adelante dice, “¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría, no teniendo entendimiento?” (17: 16).

    2) …para conocer razones prudentes (1: 2). Es bastante importante esto, pues, ¿Quién no se ha topado con un necio que, sin querer ceder ante la realidad, se niega a aceptar que está equivocado? La humildad que nos da el conocimiento de los proverbios ayuda, además, para entender razones prudentes.

    3) Para recibir consejo de prudencia, justicia, juicio y equidad (1: 3). Cuán bello es este concepto, que junto al siguiente versículo se unen a la perfección. Si todos los jóvenes y simples (yo consideraría a casi todo el mundo como parte de los “simples”) leyeran a conciencia los proverbios, tendrían mejor juicio, con mayor justicia y equidad, equilibrando sus decisiones en la balanza de Dios, y no en su propia prudencia (3: 5). Los jóvenes tendrían mayor inteligencia y cordura, y los simples, más sagacidad (que con cuánta falta nos hacen jóvenes inteligentes y gente sagaz).

    4) Oirá el sabio y aumentará el saber, y el entendido adquirirá consejo (1: 5). Si alguien que lea esto, piensa (o pensaba) que ya lo sabe todo y está “muy chilo”, entonces también necesita leer proverbios. Volvemos al tema de tu propia prudencia. Los proverbios nos ayudan a darnos cuenta que el saber (y sabiduría) viene de Dios, y que siempre tienes un buen consejo que escuchar, cosas que aprender, experiencias que tomar y una relación con Dios para mejorar.

       Finalmente concluye la lista diciendo la sentencia máxima que resume todo el libro: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (1: 7). No hay para dónde hacerse; si eres un insensato (o un “mero tonto”2) entonces no leas los proverbios.

"El chilo de la movie"
       Vale mencionar que proverbios tiene dos protagonistas: la “Dama Sabiduría” e “Insensatez, la Ramera”. Aunque constantemente las podemos ver con apodos; ya sea “la mujer de tu juventud”, o “la mujer extraña”.

       Por lo visto, ambas mujeres ofrecen su amor al lector. La sabiduría, como es de esperarse, se ofrece abiertamente en las plazas y calles (1: 20), mientras la insensatez (consciente de su inutilidad) hace las cosas a escondidas (7: 9) y miente o engaña al atraer (7: 19).

       Aunque los consejos que da respecto a ellas, pueden aplicarse a verdaderas prostitutas, y verdaderas esposas, no están escritos para que el lector se aleje o ame a dichas mujeres, sino para que rechace la insensatez y ame la sabiduría.  

Léase bajo su propio riesgo
       A pesar de tanta belleza, se debe tener cuidado al leer los proverbios. Se nos advierte que los proverbios pueden ser mal utilizados por los necios (26: 7). Podemos recordad el caso de los amigos de Job, quienes queriendo ayudar, y queriendo agradar a Dios, creyeron usar proverbios sabios para exhortar a Job, pero en realidad, utilizaron mal varios proverbios.

       No he querido hablarte de los proverbios estructuralmente, hablando de las tres secciones en que parece dividirse, de sus distintos autores, de la naturaleza de los proverbios o su aparente influencia egipcia. Mejor he querido platicarte, “así de cuates”, lo que son los proverbios, y el por qué me han cautivado a mí. Espero los leas próximamente (aunque ya los hayas leído antes) y descubras la belleza que guardan en cada versículo.

Por Fernando Castro

Sólo se mencionó un versículo por utilidad, pero contiene diversos pasajes respecto a cada uno.
La Traducción del nuevo mundo de las Sagradas Escrituras dice: El temor de Jehová es el principio del conocimiento. La sabiduría y la disciplina son lo que han despreciado los meros tontos.

Las amistades más relevantes de la Biblia

La amistad va más allá de convivir juntos la mayor parte del tiempo, este sentir conlleva cuidados para que sea una relación afectiva y por supuesto, efectiva. Una buena amistad denota un cambio positivo en la vida del ser humano.

      Una historia digna de estas características es la ya conocida historia de David y Jonatán (Samuel 18, 19 y 20). La amistad entre David y Jonatán se basa principalmente en el amor. Este sentimiento trasciende, pues la felicidad de Jonatán ya no era propia, sino que hizo la felicidad de David como la suya y “lo amó como a sí mismo” (Samuel 18:1). Jonatán siempre estuvo dispuesto a ayudar a David hasta el último momento, incluso por encima de su propio padre: Saúl, quien quería matar a David, pero Jonatán no lo permitió, salvando así a su amigo.

      La amistad de David y Jonatán denota la importancia de amar a un amigo sin importar las circunstancias. Compartir lo que posees para ayudar a un amigo en problemas, buscar diferentes maneras para encontrar una solución a las dificultades y protegerlo de cualquier daño que pudiera sufrir.

      Otra historia que nos comparte el valor de la amistad es la de Job y sus tres amigos: Elifaz temanita, Bildad  suhita y Zofar naamatita (Job 2:11-13). Esta historia es emotiva, ya que cuando Job más lo necesitaba en su momento de angustia y tragedia, sus amigos estuvieron presentes para él. El consuelo que le brindaron los tres amigos a Job demuestra que una amistad se hace más fuerte en los momentos más
difíciles. Los buenos amigos dedican el tiempo que sea necesario para estar contigo y apoyarte, de tal manera que tu carga no sea tan pesada. La historia de Job es un vivo ejemplo de una amistad forjada a base de solidaridad. No hay mejor amistad que aquella en la que pones la relación en manos del Creador y la que está basada en la fe. En algún momento de angustia y dolor, el orar y poner la situación en manos de Dios, todos juntos como equipo, ayuda a fortalecer una amistad sincera, tal y como lo fue la de Job y sus amigos.

       Una persona puede estar atravesando por un momento muy difícil; de esta manera, el buen amigo sabe ser paciente y espera el momento indicado para hablar u opinar sobre la situación. Un dato muy importante es que el buen amigo nunca comienza a reprochar o a opinar imprudentemente, sino que sabe esperar.

       Otra enseñanza que nos deja la historia de Job es que, por más difícil que sea una verdad, es mejor decirla. Un buen consejo es bien recibido entre amigos y toma cierto valor. Apoyar al amigo no significa estar de acuerdo en sus errores, sino ayudarlo a que él sea consciente del mismo y reconozca que hace mal. Es muy difícil hacer entrar en razón a una persona, y más si la situación es grave, pero el buen amigo te asistirá en esos momentos, manteniendo la pureza de la verdad. En estos casos, el respeto es sumamente importante, ya sea un acontecimiento positivo o negativo, pero jamás se deberá aprobar la maldad o el error. Otorgar esta ayuda a esos amigos que más lo necesitan les será de gran utilidad en el futuro; ten por seguro que los estarás apoyando de tal manera que les ayudes a edificar y enderezar su camino. Los buenos amigos siempre desearán que tú descubras lo mejor de ti.

       El libro de Proverbios contiene varios versículos que nos ejemplifican lo que es la amistad, entre ellos está el más conocido, Proverbios 17:17 “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”.  (Véase para más ejemplos: Proverbios 18:24, 19:4, 27:10)

       En el Nuevo Testamento, Jesús fue amigo de varias personas. Un ejemplo de las amistades de Jesús es la de Lázaro y sus hermanas (María y Marta). Cuando Jesús se enteró de la enfermedad y muerte de Lázaro, se conmovió, pues lo amaba tanto; acto seguido lo resucitó.  Esta amistad nos deja una lección muy importante.
Un buen amigo ayuda en todo momento, está presente en la necesidad del compañero y el cariño es infinito. Él mismo nos demostró que la amistad se le puede brindar a cualquier persona, apoyando los sentimientos, los valores y las ideas que se presentan de una manera positiva. La amistad que brindó Jesús fue un acto de nobleza y él nos enseñó que la amistad que está basada en el amor y la Palabra de Dios, es la relación más efectiva que una persona pueda poseer. Lo más asombroso es que Jesús sigue siendo nuestro amigo hoy en día.

       Él puede ser tu mejor amigo si lo aceptas en tu corazón, y de esta forma tú verás que este sentimiento es real y puro. Él es la viva imagen de una amistad verdadera que va más allá de todo lo que conocemos en este mundo, pues su amistad nunca termina. Él siempre está ahí para ti, esperando que le permitas demostrarte todo el amor de una amistad sin límites.

       ¿Estás listo para abrirle las puertas de tu corazón, permitirle que sea tu amigo, y que forme parte de tu vida?

        Las historias que se mencionaron  nos demostraron que la buena amistad es amar tanto como si nos amáramos a nosotros mismos. Recuerda que en una buena amistad debe de fomentarse el respeto, la ayuda, la solidaridad y sobre todo el amor. Es tiempo de reflexionar estas historias y de comenzar a ser un buen amigo el día de hoy considerando esas cualidades.  

Por Jenny E. Medina

lunes, 15 de octubre de 2012

La historia de la Biblia


¿Alguna vez te has preguntado cómo se hizo la Biblia? ¿Cómo tantos libros y cartas de tan diferentes personas llegaron a estar todas juntas juntitas? En esta ocasión queremos darte una idea de lo que Dios hizo a través de la historia para que la Biblia fuera como es hoy.


Vale mencionar primeramente que este proceso de Canonización (el de selección de los libros sagrados) es muy variado, ya que la Biblia católica no incluye los mismos que la cristiana, y éstas a su vez, que la judía. Así pues, nos centraremos más en la cristiana-protestante.

Los primeros cinco libros de la Biblia, conocidos en conjunto como el pentateuco,  de quienes se cree que los escribió Moisés; fueron escritos en diversos momentos, algunos fragmentos fueron escritos en el momento en que ocurrieron los hechos, y otros, varios años después. Desde su inicio, estos libros se convirtieron en sagrados y desde los tiempos del Rey David, ya conformaban los libros sagrados que los reyes de Israel leían.  

       A partir de aquí las cosas ya no fluyen tan fácil. El tiempo corrió y el pueblo de Israel enfrentó grandes acontecimientos, de bendición y de castigo, y la gran mayoría de éstos fueron quedando grabados en las páginas de los pergaminos que hoy son sagrados. Algunos en lo que hoy conocemos como libros “Históricos” (Josué, Jueces, Rut, los libros de Samuel, Reyes y Crónicas, Esdras y Nehemías), otros conocidos como los de “La Sabiduría” (Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares), y finalmente los proféticos, que a su vez son los Mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel) y los Menores (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías).

       Cada uno de estos libros, escritos en diversos momentos y por diversos autores, fueron quedando en manos del pueblo de forma casi inmediata y la gran mayoría fueron aceptados como “sagrados” aunque no de forma oficial. Hasta llegando al siglo II d.C. fue que los rabinos y líderes comenzaron a realizar juntas con el fin de definir qué libros se tomarían como sagrados y cuáles no. Durante este tiempo se realizaron diversas disputas al respecto. Si bien, la gran mayoría de los libros fueron aceptados por unanimidad como sagrados; los libros de Esther, Eclesiastés y Cantar de los Cantares, enfrentaron mayores problemas para ser aceptados.

       Finalmente, se dio a finales del mismo siglo, que fue sellado el antiguo testamento como lo conocemos hoy, salvo ciertos libros que la iglesia católica añadió tiempo después. Pero el nuevo testamento no corrió la misma suerte.

       Aunque más fácil, el proceso de unión del nuevo testamento fue más lento y cuestionado. En el siglo II d.C. se realizaron muchas discusiones en torno a la aceptación de los libros; casi todas las iglesias más importantes aceptaron rápidamente lo que fueron los cuatro evangelios, hechos, 1 Pedro, 1 Juan y 13 cartas de Pablo (o Paulinas), excluyendo Hebreos, 2 Pedro, 2 y 3 de Juan, Santiago, Judas y Apocalipsis. Además de esto, el teólogo Marción descalificó casi todo, argumentando que los únicos libros sagrados eran el evangelio de Lucas y las cartas Paulinas.

       Casi de inmediato fueron aceptados Hebreos y Apocalipsis, aunque a fines del siglo III d.C. fueron severamente criticados, Hebreos por desconocer a su autor, y Apocalipsis tanto por el autor como por su contenido. Por su parte, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Santiago y Judas fueron aceptados casi por todos a partir del siglo III y en el siglo IV fueron canonizados oficialmente.

       En el año 367 fue cuando Artenasio, obispo de Alejandría, escribió una carta pascual para instruir a las iglesias bajo su mando; en esta carta enumeraba los 27 libros del Nuevo testamento tal como los tenemos hoy en día.

       De esta forma, para finales del siglo IV d.C. la colección de libros sagrados aceptada por la mayoría de las iglesias era la misma que la que usamos hoy como “Biblia”. Como mencionamos al principio, aún hoy en día, hay quienes no creen en que Cristo sea el hijo de Dios, y por tanto, descalifican todo el Nuevo testamento. Además en la época de la reforma católica (siglo XVI), esta iglesia incluyó libros que los protestantes rechazan.

       Es así, cómo desde la mano de Moisés en el desierto, se puede pasar por David y Salomón, por Isaías y Jeremías, por Lucas y Juan, por Pedro y Pablo, por tantos y tantos autores que de una u otra forma fueron escribiendo en pergaminos la palabra de Dios, que hoy en día, nosotros tenemos el gozo de poseer en un libro compacto que compramos en cualquier parte. Así es, cómo se formó la Biblia.

Por Fernando Castro