martes, 5 de julio de 2016

El templo de Salomón

Desde tiempos remotos, congregarse representaba gran importancia para aquellos que se reunían en nombre de Dios con el propósito de alabarle. Sin duda podemos apreciar la majestuosidad de las infraestructuras  diseñadas para congregarse y alabar a Dios.

       Si bien podemos recordar, las primeras congregaciones no tuvieron lugar en un establecimiento fijo. Los israelitas tenían un lugar de adoración portátil llamado Tabernáculo, en el cual se llevaba a cabo la congregación; a donde ellos fueran, llevaban consigo el altar. Suena un tanto difícil imaginar un altar que podías llevar contigo y dar lugar a la congregación en diferentes lugares.

       A decir verdad, en aquellos tiempos el rey David deseaba construir un templo digno para Dios. Sin embargo, no fue sino hasta que Salomón (hijo de David) se convirtió en rey cuando se pudo llevar a cabo la construcción del majestuoso y famoso templo: el Templo de Salomón.

        Debido a que el Templo ya era un edificio permanente, el pueblo tenía que viajar para congregarse. El rey Salomón construyó el lugar en siete años aproximadamente, y el lugar donde estaba ubicado era de gran relevancia, pues varios sucesos previos habían ocurrido ahí. En conclusión,  el lugar donde se construyó el templo tenía un significado muy especial.

       No es difícil imaginar el majestuoso Templo en Jerusalén bellamente donde el pueblo se reunía para exaltar el nombre de Dios, justo como una fiesta de gala. Así de impresionante era el Templo de Salomón que daba vida a la alabanza de Dios, el mismo lugar donde los israelitas estaban listos para la gran ceremonia. Fue entonces cuando Jerusalén fue considerada la ciudad santa.

       El Templo duró alrededor de 400 años antes de que fuera destruido por los babilonios. No obstante, la profecía de su reconstrucción ha sido un misterio. ¿Qué significado tiene esta profecía? En las Sagradas Escrituras se menciona la reconstrucción del Templo de Jerusalén, pero también existe una relación entre su reconstrucción y el apocalipsis; el fin del mundo sucederá cuando el Templo se termine de construir.  

       Hace algunos años atrás, salió a la luz el proyecto que tenían en mente sobre la reconstrucción el Templo. Sin embargo, el lugar preciso donde se encontraba el Templo de Salomón en la antigüedad es ocupado ahora por otros edificios que son significativos para el Medio Oriente, el cual podría desatar una guerra en caso de que se decidiera reconstruir el Templo en ese lugar tan significativo, como se mencionó previamente. En la profecía está que el Anticristo tomará posesión del lugar y vendrá vestido de paz, es entonces cuando la profecía se cumplirá y será el fin del mundo.

       Mucho se ha especulado sobre la reconstrucción del Templo y que supuestamente les tomará dos años reconstruirlo. Asimismo se dice que el proyecto está listo y que la profecía se cumplirá tarde o temprano. Cabe recordar que la llegada del Hijo de Dios está cerca y el fin de los tiempos pasará. Recordemos que el recibir a Jesús como nuestro Salvador trae consigo la esperanza del inicio de una nueva vida.

Por Jenny E. Medina

¿Qué comía Jesús?

Hola, hoy te quiero platicar de lo que en todas las ocasiones te platico: de la comida, pero ahora remontaremos el tema desde otra perspectiva, desde los tiempos de Jesús, para saber que comía Jesús y que se comía en esos tiempos, incluso que es lo que dijo Jesús mismo de la comida.

       La comida, su origen y las costumbres alimenticias se hacen ver desde el Antiguo testamento empezando por el principio: Génesis, hasta lo largo de todo el AT en forma de usos medicinales, tradiciones alimenticias o como las restricciones dietéticas que existían en Levítico, Deuteronomio, 1ª y 2ª Samuel; incluso en Cantares, Proverbios y Salmos se hace referencia a la comida, en forma de metáforas o analogías para describir algo.

       Para saber que era lo que comía Jesús basta irnos al Nuevo Testamento y leer ciertos pasajes bíblicos que les citare próximamente para ver la alimentación que llevaban sus discípulos y el.

       En los tiempos de Jesús el alimento esencial era el pan, el tener pan en la mesa era igual a tener comida. De ahí la importancia de la petición en la oración: “Danos hoy nuestro pan cotidiano” (Mateo 6:11). Por eso es que Jesús les dijo a los hombres “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35), el pan era considerado el alimento principal, aun en estos tiempos el pan pertenece al grupo alimenticio de los Hidratos de carbono, que se encuentran en mayor proporción a los otros grupos de alimentos en nuestra dieta. Pues son la principal fuente de energía.

        También era un alimento que Jesús acostumbraba comer, y lo podemos ver en la última cena, (Mat. 26:26)."Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan y lo bendijo, y lo partió y dio a sus discípulos". Incluso, era una costumbre que Pablo les ensenaba, como lo leemos en Hechos 20:7 "Y el primer día de la semana, juntos los discípulos a partir el pan, Pablo les enseñaba".

         En esos tiempos, había dos clases de pan más usados, el de cebada y el de trigo, había una distinción entre ellos, pues el pan de cebada era considerado como el pan que usaba la clase pobre; y esa distinción se puede observar tanto en el Antiguo Testamento (Jueces 7:13) como en el Nuevo con el ejemplo del joven que solo tenía 5 panes de cebada y los dio a Jesús, el joven muy probablemente pertenecía a la clase más pobre, pero ese humilde acto que hizo generó que cinco mil personas pudieran ser alimentadas (Juan 6:9). No importo el tipo de pan para que Dios hiciera un milagro.

       Por las referencias en Lucas 6:1, Mateo 12:1 y Marcos 2:23 se sabe que los discípulos de Jesús comían grano crudo en los campos. "Y aconteció que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos"

       Otro alimento muy común es el grano tostado: "Isaí envió grano tostado a sus hijos cuando éstos estaban en el ejército, por mano de David" (1 Sam. 17:17). Abigail incluyó algo de él en su presente a David (1 Sam. 25:18). David también lo recibió de sus amigos cuando andaba huyendo de Absalón (2 Sam. 17:28).

       El alimento de origen animal más usado en las costas de mar de Galilea, en los días de Jesús, era el pescado. Cristo se refirió al pescado cuando habló del hijo que pide a su padre un pez (Lucas 11:11). La
Escritura implica que los que vivían cerca de las costas vivían casi siempre alimentados de pescado.

       Otro alimento de origen animal referenciado en la Biblia es el huevo, entre el tiempo de Elías y el tiempo de Cristo, se introdujeron las aves domésticas y el uso diario de los huevos en Palestina. Un pasaje que comprueba esto es cuando Jesús habla de un hijo que pide un huevo a su padre (Lucas 11:12).

       Podemos ver en el Nuevo testamento otros alimentos más con los que Juan el Bautista se alimentaba en el desierto, estos eran las langostas y la miel silvestre (Mateo 3:4).

       Otro ejemplo del uso del pescado y la miel es cuando Jesús quiso probar a sus discípulos, después de haber resucitado, que su cuerpo era real, entonces pidió alimento y le dieron una porción de pescado asado con miel (Lucas 24:41-43).

       Vemos que la comida típica, era el pan y pescado, como el ejemplo anteriormente mencionado del milagro de los panes y peces y la comida en la orilla del lago de Galilea, donde Cristo prepara pescado sobre un fuego de carbón.

       Respecto a los lácteos, la leche era muy acostumbrada, y de ella la fabricación de queso, pues se echaba a perder muy rápido.

       Respecto a las frutas, las más mencionadas son melones, higos, granadas, moras, dátiles. Hermosos frutos que Dios hizo con infinidad de vitaminas antioxidantes y minerales que nos ayudan a darle mantenimiento a nuestro cuerpo.

       Estos eran los alimentos más consumidos en los tiempos de Jesús, ahora, ¿Qué decía Jesús sobre la comida?

       Jesús mismo declaro limpios todos los alimentos, en Marcos 7: 18-19 dice: (…) ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos.

       Esta declaración de Jesús, y más que nada, su sacrificio en la cruz es lo que rompió con la ley antigua, por ejemplo la de las reglas dietéticas que se encuentran en el AT en el libro de Levítico capítulo 11, donde se incluían prohibiciones de comer cerdo, mariscos, insectos y varios animales, eran reglas que Dios dio a Israel, que ya no son válidas después de Jesucristo.

       El apóstol Pedro recibe una visión de Dios respecto a los animales impuros, “Lo que Dios limpió, no lo llames tú impuro.” (Hechos 10:15). Cuando Jesús murió en la cruz, Él puso fin a la ley del Antiguo Testamento (Romanos 10:4; Gálatas 3:24-26; Efesios 2:15).

       En el Nuevo Testamento, es más importante la cantidad que comemos que lo que comemos. En Proverbios 23:2 nos dice “Si eres dado a la glotonería, domina tu apetito”. El apetito físico es una analogía de nuestro autocontrol, de nuestro dominio propio (fruto del Espíritu). Si no somos capaces de controlar nuestros hábitos alimenticios, muy probablemente tampoco seamos capaces de controlar otros hábitos de la mente como lujuria, odio, ira, avaricia. Hay que recordar que la gula o glotonería también es un pecado, muchas veces muy ignorado.

       Jesús no hacía hincapié en la comida como lo más importante en la vida, en Mateo 6:25 Jesús dijo: “Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?”. Y en otro versículo nos dice: (…) “Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”” (Mateo 4:4, NVI)

       En Juan 6:27 Jesús nos dice: “Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Sobre éste ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación.” (NVI)

       En conclusión, la comida es una creación de Dios con el propósito de mantener nuestro cuerpo saludable; en Génesis nos dice que todo lo que Dios creo como alimento es para nuestro mantenimiento, pero ciertamente no es nuestra única fuente de vida, nuestra fuente de vida y vida eterna es Dios por medio de Jesucristo.

Por Bárbara Garibay

¿Qué onda con el Purgatorio?

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8

       A lo largo de nuestra vida seguramente hemos escuchado hablar del Purgatorio. Ese preciso lugar en donde las almas se muestran en llamas con el objetivo de limpiar los pecados que cometieron en vida.

       Si bien, el Purgatorio es definido como un estado de purificación de las almas de aquellas personas que han muerto, en el que limpian sus almas del pecado antes de alcanzar la gloria.

       Este estado de purificación es visto como un castigo temporal previo a la vida eterna. Todos aquellos que dejan este mundo terrenal sin haber pagado por sus pecados tendrían que pasar por esta transición para poder disfrutar de la vida eterna.

       Puesto que estas almas no se encuentran libres de aquellos pecados que cometieron en vida, el Purgatorio es una forma de pago para poder estar en la gracia de Dios.

       Una vez que hemos definido lo que es el Purgatorio queda en duda si esto es verídico. La Biblia nos deja muy claro que Cristo murió por nosotros, con el objetivo de limpiar todo pecado en cada ser humano. Siendo este el caso, el Purgatorio niega el sacrificio de Cristo que nos abre paso a la vida eterna.

        De esta manera, decir que se debe sufrir por los pecados cometidos una vez que dejamos este mundo, significa el rechazo o la poca valoración del sacrificio que Cristo hizo por nosotros; un sacrificio perfecto y absoluto.

        Jesús sufrió por nuestros pecados para poder ser liberados de cualquier sufrimiento. De esta forma existe una contradicción entre el concepto del Purgatorio y la salvación que nos ha sido otorgada. Es muy importante mencionar que la vida eterna se nos otorgó desde el momento que Cristo murió en la cruz. Por consecuente, aunque se tenga la idea del Purgatorio, lo importante son las obras que hacemos en vida, pues ellas pueden ser recompensadas o pudieran afectarnos en gran medida.

        Por esta razón, es esencial saber que hemos sido salvos por medio de la fe en Cristo. Si nosotros Creemos que Jesús es nuestro Salvador, entonces la idea del Purgatorio sería meramente una idea errónea.

       Tomando en cuenta el juicio final, sabríamos que al llegar a la presencia de Dios seríamos almas que fueron liberadas de todo pecado, purificadas, perfeccionadas, y santificadas gracias al hermoso sacrificio de nuestro Señor Jesús.

       Que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos. 1 Pedro 1: 3


Por Jenny E. Medina

¿Cómo es el cielo?

Este tan anhelado lugar celestial es criticado por muchos y alabado por otros. En medio de la controversia, a veces ignoramos la palabra de Dios y nos preguntamos ¿Cómo es el cielo?

       Es verdad que muchas veces nos dejamos llevar más por lo que dice la televisión, la radio, los libros, revistas y hasta nuestro pastor, antes que por lo que dice la biblia al respecto de temas tan importantes como lo es el cielo.
       ¿De verdad existe o es un invento del hombre? Y si existe ¿Cómo es? ¿Con nubes y ángeles  volando por allí1? ¿Es un lugar de descanso? ¿Saludaré a mis amigos y familiares si llego allá? ¿Haremos fiesta todos los días?
       Para responder estas preguntas sólo podemos hacer una cosa, leer la palabra de Dios, donde nos dejó escrito todo lo que tenemos que saber. Si quieres buscar más en base a lo que dicen otras personas, sólo perderás el tiempo ¿Quién sabe más del cielo, su creador o alguien que nunca lo ha visto?
       A principios de los años 1300, un hombre llamado Danta Alighieri escribió un poema llamado “La divina comedia” en donde él mismo viajaba al infierno, purgatorio y cielo, conociendo así todo lo que se encuentra en el “más allá” y haciendo reflexiones importantes respecto a estos lugares2. Lamentablemente, durante los últimos 700 años, la visión general de cómo son el cielo y el infierno ha estado fuertemente ligada a las descripciones de Dante, y es por esto que hago las advertencias anteriores.

       ¿Existe o no?
       Comencemos por el principio. En el antiguo testamento no se utiliza el término “cielo” como un lugar metafísico donde habiten los seres celestiales, salvo como la morada de Dios (Job 22: 12).
       El importante notar que tanto el pueblo de Israel como sus pueblos vecinos, notaban en el cielo belleza y perfección; pero mientras los pueblos vecinos adoraban al cielo, las estrellas y sus constelaciones, Israel lo veía únicamente como la creación de Dios y no le rendía ninguna adoración (Salmo 19).
       Esta visión del cielo es confirmada por Jesús quien dice que no juremos por el cielo, pues “es el trono de Dios” (Mateo 5: 34). Sin embargo, Cristo viene a ser quien nos adentra en el concepto del cielo que hoy conocemos.
       Jesús habla constantemente del “reino de los cielos” como el lugar al que debemos dirigir nuestras vidas. Nos invita a que acumulemos riquezas en él y no aquí en la tierra (Mateo 6: 20), así como también menciona que hay habitantes que comparten el cielo con Dios, al decir “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6: 10).
       Por tanto, si Cristo mismo nos habla del cielo, nos dice que debemos dirigirnos hacia allá y que allá está Dios, entonces no hay razones para dudar de su existencia.

       Entonces ¿Cómo es?
       Bueno, ya aclarado que sí existe. Ya que Jesús mismo nos lo expresa, Él mismo nos dice que está preparada una morada celestial donde habita el Padre (Juan 14: 1-2); entonces cabe preguntarse si dejó dicho algo respecto a cómo son las cosas allá.
       Lo primero que hay que hacer es quitarnos la idea de que en el cielo nos veremos igual pero con alas y en túnica blanca. En realidad al morir no nos convertiremos en ángeles; los ángeles y nosotros somos muy diferentes y nosotros no estamos destinados a formar parte de sus filas. De hecho, esto también elimina la teoría de que nuestros familiares y amigos muertos nos acompañan como ángeles de la guarda a todo lugar donde vamos.
       La verdad es que Cristo nos dijo que en el reino de los cielos no tendremos el mismo cuerpo ni la misma vida que tenemos aquí, por tanto no se casarán las personas ni tendrás amistades carnales como las que tenemos ahora (Lucas 20: 34-36).
        Jesús explica que en el cielo hay celebración y comunión con Dios cuando habla con sus discípulos en la última cena (Mateo 26: 29), lo que hace énfasis en que, en el cielo, lo importante no es convivir entre nosotros ni tener relaciones carnales ni de amistad, ni de pareja, ni de familia, sino una auténtica y eterna relación con Dios, dónde Él sea el que reine por siempre.
       Además de los evangelios, Apocalipsis es un libro que nos arroja información respecto al cielo. Si bien es cierto que dicho libro está compuesto en parte de alusiones e imágenes metafóricas, los capítulos 21 y 22 nos mencionan puntos importantes que complementan nuestra visión de la tierra celestial.
        En estos capítulos, el autor se refiere al “nuevo cielo y nueva tierra” ya que los antiguos pasaron. Al decir esto deja en claro que es la morada eterna y no la vil y pasajera en que vivimos ahora. También hace referencia al cielo como un tabernáculo, ejemplificando así la comunión eterna con Dios, viviendo dentro de su propia morada; lo expresa como una ciudad (la nueva Jerusalén), simbolizando la fortaleza y protección de Dios ante cualquier cosa; y lo expresa como un huerto, mostrando la vida celestial como eterna provisión.
        En pocas palabras, nos dice que el cielo es un lugar donde siempre estaremos en comunión con Dios, en el que nunca nos pasará nada malo porque Dios nos estará protegiendo todo el tiempo, y como un lugar en el que nada nos hará falta.


       Los que han vivido o viajado a lugares muy al norte como Irlanda, Noruega, Groenlandia o el norte de Canadá,  probablemente les haya tocado ver que durante meses enteros no se oculta el sol; son meses completos de día y más día, sin noche. Esto es lo más cercano que podemos imaginar a la expresión bíblica que Dios hace a través de Apocalipsis cuando dice que en la nueva Jerusalén no será de noche jamás, que siempre será de día, que no habrá necesidad de ninguna luz, porque Dios siempre lo estará iluminando todo, y como no seremos cuerpos físicos, el descanso y el dormir son innecesarios, por lo que no te tienes que preocupar de problemas en ese aspecto.
       
       En conclusión, el cielo es real, está siendo preparado para nosotros y nos espera. No todos entrarán allí, sólo aquellos que sus nombres estén escritos en el libro de la vida, por eso debemos gozarnos de que así sea (Lucas 10: 20). El cielo es el futuro hogar de los verdaderos creyentes y adoradores (2 Cor. 5: 1-2), allí está nuestra herencia (1 Pedro 1: 4). Luchemos por él, arrebatémoslo (Mateo 11: 12).

1Para mayor información respecto a los ángeles puede leer Fortaleza No. 17 (Mar-Abr 2015), pp. 13-16.

2Para mayor información sobre el Purgatorio, ver aquí: http://conociendolabiblia7.blogspot.mx/2016/07/que-onda-con-el-purgatorio.html 


Por Fernando Castro

jueves, 9 de julio de 2015

5 señales de los tiempos finales

“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.”Mateo 24: 3-4

       La biblia habla claramente sobre el fin de los tiempos y el regreso de Jesucristo. No conforme con avisarnos, también nos advierte señales que podemos notar y con ello “anticipar” (hasta cierto punto) que ya viene Cristo por su iglesia.

       A continuación analizaremos cinco de estas señales que Jesús mismo nos mencionó:

Guerra y rumores de guerra (Mateo 24: 6)

       En el comienzo de su explicación, Jesús menciona que escucharemos de guerras y rumores de guerras. Está bien, admitámoslo, las guerras no son nada nuevas. Desde los años antes de Cristo, los pueblos ya se partían la cabeza entre ellos constantemente. Sin embargo Cristo no sólo menciona “guerras” a secas, menciona que de forma masiva las naciones se levantarán entre ellas.
       Aunque desde años anteriores a Cristo ya había guerras, jamás una tan grande como las que hoy en día conocemos como 1ra y 2da guerra mundial; en donde llegaron a participar hasta dos terceras partes de los países del mundo.
       ¿Y entonces porque seguimos aquí? ¡Ah! Dijo Cristo que no acabaría todo aquí, además vienen otras cosas.

Pestes, hambres y terremotos (Mateo 24: 7)

       No vamos a dar por sentado que todo es horrible ahora. Analicemos la situación, entre las epidemias y pestes más importantes de la historia tenemos algunas como la peste española (1918), la peste negra (siglo XIV), e incluso la peste de Atenas (430 a.C.). La realidad es que enfermedades y pestes ha habido siempre. No obstante las palabras de Cristo retumban hoy al darnos cuenta que aún con los avances tecnológicos y los avances en medicina, los virus siguen mutando, adaptándose y matando personas. No sólo eso, sino que cada peste nueva trae mayor número de muertos que la anterior (incluso en porcentajes).

       Además de eso, los terremotos se han incrementado de forma exponencial a lo largo de la historia. Hasta el año 1000 (mil), los terremotos más fuertes que se registraban, difícilmente pasaban 7.5 grados (en escala de Richter). No se registran más de 5 terremotos mayores a 8 grados, antes de dicha fecha. Mientras que 14 de los 20 terremotos más fuertes de la historia (todos mayores a 8 grados) son del año 1900 a la actualidad. Hoy día vivimos con muchos más terremotos y mucho más fuertes; así como muchas más enfermedades nos atacan, y mucho más mortales.

Ser aborrecidos por su nombre (Mateo 24: 9)

      Actualmente la homosexualidad, el transexualismo y hasta el transgénero son apoyados por las masas; entre más cosas aceptan las personas como “buenas” o “correctas”, peor se le ve a los cristianos. Hoy día miles de hijos de Dios son atacados por sus creencias y por defender a Dios en un mundo modernizado.  Lo peor es que está escrito, sabemos que las cosas empeorarán.

       Y todo esto, sin mencionar todas las regiones y hasta países enteros donde el cristianismo es prohibido y/o perseguido al grado de matar cristianos.

Falsos profetas (Mateo 24: 11)

Foto: David Koresh
       Todos los días andan por allí falsos profetas que engañan a miles. Sólo por mencionar uno de los casos más famosos, está el de David Koresh, quien decía ser la reencarnación de Cristo y tenía beneficios únicos, como acostarse con todas las mujeres de la secta (incluyendo jovencitas). Al final, Koresh terminó muerto junto con más de 70 hombres, mujeres y niños de la secta en una violenta masacre entre la secta y el gobierno de Estados Unidos.

       Así como Koresh, en los últimos años han surgido varios falsos profetas resaltantes como L. Ron Hubbard (fundador de la cienciología), o Stewart Traill,  fundador de la “Iglesia del entendimiento bíblico”; Traill dice ser la reencarnación de Elías y hace que los miembros de la secta le donen el 90% de sus ingresos. Actualmente Traill vive, sigue siendo el líder de dicha secta y tiene cuatro aviones personales así como una casa de medio millón de dólares.

El amor se enfriará (Mateo 24: 12)

       Este versículo dice que “por haberse multiplicado la maldad” se enfriarán los corazones. Y hoy día vemos tanta violencia y maldad en programas, películas, videojuegos, caricaturas, periódicos y hasta en la calle, que incluso los niños han perdido la sensibilidad ante el necesitado. Podemos pasar frente al huérfano, el pobre, el enfermo o la viuda y no sentir lástima en lo más mínimo; mucho menos, la necesidad de ayudar.



       Todo esto que sucede actualmente, puede que ya sucediera desde antes, pero cada día sucede más y con mayor intensidad, mayores consecuencias y mayores alcances. Es necesario tener cuidado con todas estas señales porque “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24: 13).


Por Fernando Castro

Aprendiendo de Jesús

La Iglesia es la única agencia cuya preocupación más grande está en la gente que no es parte de ella.

       Una iglesia no se preocupa por mantenerse cómoda a sí misma (sus miembros) sino por alcanzar a aquellos que están afuera de ella. En el milagro o señal que leemos en el texto de hoy, nuestro Señor Jesucristo desafía a sus discípulos a saciar las necesidades de la gente que les rodeaba. La Iglesia de Cristo tiene una misión, a la que tiene que habituarse, y que debe cumplir con respecto a todos los seres humanos.

“Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” Juan 6:5. 

       La necesidad era física, sin embargo representaba una necesidad espiritual también. El Señor permite que sus discípulos se den cuenta de esta necesidad y puedan experimentar la urgencia de saciarla. Una iglesia, un creyente que se precia de ser pueblo de Jesucristo que no percibe la necesidad del mundo, debe reflexionar seriamente respecto a su identidad y a sus hábitos de piedad.

       La Iglesia existe por causa de las necesidades de la humanidad. Todo ser humano tiene necesidades, pero la necesidad más grande que tenemos todos, es la necesidad espiritual. Esta necesidad se expresa de muy diversas formas: necesidad de conocer a Dios, necesidad de tener una razón para vivir, necesidad de perdón, necesidad de esperanza, necesidad de amor, necesidad de saber a dónde vamos al morir.

       Sólo Cristo puede saciar estas necesidades básicas. Pero ahora miremos lo que nos corresponde a todo redimido experimentar.

“Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” Juan 6:8-9.

       No sabemos quién era este muchacho, pero una cosa sí sabemos: Tenía el buen hábito de portar una pequeña cantidad de alimento, y eso sirvió para alimentar a una gran multitud. Si hacemos cuentas, su “lonche” se multiplicó miles de veces.

       Tal vez se trataba del alimento que tradicionalmente todo mundo traía  consigo en una canasta personal durante sus viajes, tal vez era su manera de ganarse la vida, tal vez llevaba esa comida a otras todos. Los discípulos del Señor son en este momento la Iglesia que es usada para distribuir la bendición.

       Las doce cestas que se mencionan son, posiblemente, las tradicionales “mochilas” que todo viajero cargaba con el alimento pertinente. Pero, el número doce representa, en la simbología judía, “el pueblo de Dios”. Por eso se habla de 12 tribus, doce apóstoles, etc.; de cualquier modo, es la Iglesia del Señor la comisionada a tener el buen hábito para percibir la necesidad, encontrar el potencial y distribuir la bendición.

“Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.” “Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.” “Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.” Juan 6:11-13. 

       La situación original era de hambre y cansancio, después de la intervención del Señor por medio de su Iglesia sólo se notaba bendición física y espiritual. El pueblo de Dios ha recibido bendición de gracia, y de gracia debe compartirla.

       Dios no está obligado a responder positivamente todas nuestras oraciones; sin embargo, muchas veces nos sana, nos transforma, cambia circunstancias en forma milagrosa y nos bendice más allá de lo que solicitamos. Podemos decir que Él no siempre nos da lo que pedimos, pero siempre nos da lo que necesitamos.

       Por esta razón, su Iglesia es un pueblo en donde los testimonios de ricas bendiciones son cotidianos. Él sigue haciendo milagros entre nosotros como los hacía en la época bíblica.

       Reflexiona un poco ¿Te ha bendecido Dios con algo que puedes compartir y hacerlo como un buen hábito? ¿Ha realizado Dios algún milagro en tu vida? ¿Estás dispuesto a poner tu vida en las manos de Dios para que Él bendiga a muchas otras personas?

Atrévete a ser usado por Dios

       Jesús quiere que vayamos por todo el mundo re


conociendo las necesidades de la gente y haciendo algo al respecto.  Una persona que se une a la Iglesia de Cristo se une a una comunidad que se preocupa por las personas, especialmente por las menos afortunadas.

       Que todos los hombres y mujeres del mundo tengan la oportunidad de saciar sus necesidades básicas espirituales y físicas. Y si para ellos hay que poner la vida, que así sea.

       Por eso, desarrollemos programas de acción social que provean a la sociedad de mejores posibilidades para elevar su nivel de vida. Soñemos y oremos con tener centros de rehabilitación diversos. Soñemos y oremos con establecer casas hogar para niños, centros de apoyo a víctimas de violencia familiar y muchas cosas más.

Por Pastor Víctor Zárate

¿Por qué leer la biblia?

Es una realidad que la Biblia tiene una posición importante en el ámbito literario, siendo el libro más popular e importante de los últimos tiempos. De todos es sabida su existencia, pero conocer la biblia y usarla, son aspectos totalmente diferentes.

       ¿Qué tanto conocemos la biblia? ¿Hacemos un uso apropiado de su contenido? ¿Reflexionamos y seguimos sus enseñanzas? O ¿solo está decorando bellamente nuestro librero?

       En 2 Timoteo 3:16-17 se menciona lo siguiente: “Toda escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

        La biblia ha sido creada por Dios para edificación de su pueblo. En ella, viene contenida la verdad de la historia, las respuestas a las preguntas existenciales, la solución a diversas problemáticas, la sabiduría para una vida en plenitud, entre muchas otras cosas; en pocas palabras, la biblia es nuestro instructivo de vida, pues responde a cada faceta y ciclo vital del ser humano.

      No se trata de un libro más, es realmente la Palabra de Dios. Los libros pueden contener ideas
sumamente interesantes e impactantes para los lectores, basadas en experiencias humanas, sin embargo, la gran diferencia del contenido de la biblia es que, es Dios quien habla, revelando misterios, mostrando su grandeza y buena voluntad.

       Para toda persona resulta necesario leer constantemente la biblia y pedir a Dios por su sabiduría para interpretarla como es debido. No tratemos de leer como si supiéramos todas las cosas, puesto que la palabra de Dios empieza a tener un verdadero significado personal cuando permitimos que sea Él quien nos dirija y hable a nosotros. El momento de la oración es importante para establecer una relación personal con Jesucristo, pero igualmente importante es la lectura diaria, ya que, al ser la palabra de Dios, es a través de ese medio que recibimos una respuesta de su parte.

       Leer su palabra: nos fortalece y hace madurar espiritualmente; permite estar en sintonía con Dios, tener su bendición, poder y autoridad; seguir sus mandamientos, conocer la verdad, ser libres, tener vida eterna, apropiarnos de sus promesas, vivir conforme a su voluntad, ser sensibles a su voz y ser instrumentos de bendición; permite nutrirnos de santidad y pureza para impactar el mundo que nos rodea, llevando su palabra a todo lugar y poder evangelizar.

       Sabemos que es palabra de Dios, porque tiene el poder de transformar vidas “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, y las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” Hebreos 4:12.

        Estamos en un mundo lleno de situaciones peligrosas: drogas, alcoholismo, tendencias suicidas, violencia, sexo irresponsable, rebeldía, egoísmo, pornografía, carencia de valores y moral, entre muchos otros. Si no estamos cimentados de manera firme en la palabra de Dios, nuestra vida estaría
inestable y podríamos caer fácilmente en tentaciones y pecado. Dios conoce nuestra situación de vulnerabilidad, por eso no nos deja solos, y nos ha enseñado que meditando en su palabra y apropiándonos de ella, podemos enfrentar cualquier situación con gran autoridad. Proclamemos sus promesas, obedezcamos sus mandamientos, sigamos su ejemplo. “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” Josué 1:8.

       Así que, te invito no sólo a que conozcas la biblia, no sólo que la leas, sino que reflexiones en ella, que analices tu propio estado a la luz de su verdad y evalúes tu relación con Dios, a fin de poder crecer cada día más en Él, conocerlo y apropiarte de su perfecta voluntad a tu vida. Ve más allá que solo conocer la palabra, aplícala, vívela a plenitud, cumpliendo el propósito de Dios para tu vida.

       “Señor, enséñame el camino de tus mandamientos, y yo los seguiré hasta el fin. Dame entendimiento para obedecer tus enseñanzas, y de todo corazón yo la cumpliré. Guíame por el camino de tus mandamientos, porque en él me encuentro a gusto. Pon en mí el deseo de cumplir con tus requisitos y no el de satisfacer mis deseos egoístas. Aleja de mi mente los pensamientos inútiles, dame vida para vivir en tus caminos”. Salmo 119:33-37 (PDT)

Por Maribel Sánchez